Había una vez un taller de chapa y pintura. En ese taller
había muchos diarios, mugre y telarañas. En el taller
vivía un ratón.
El dueño del taller
quería deshacerse del ratón por que le
comía los diarios, se cagaba en el piso y le tomaba el tetra.
Entonces alguien le prestó un gato grande, musculoso. Ese gato era luchador de vale
tudo, maestro de
brazilian jiujitsu, maestro de
kendo ,
ex infante de marina (en la unidad
anti-ratones), experto en el uso de armas largas, actor de cine,
fisicoculturista y estrella
porno.
Ese gato se agazapó en la entrada del escondite del ratón. Pero he aquí que el ratón, más
rápido que un
Maradona endopado, le pasó entre las patas al gato. Ida y vuelta, ida y vuelta. Era una cosa que no lo
podía atrapar y de tanto que se le escapó, se cansó el gato y se fue a la mierda.
Entonces, el dueño pidió prestado un gato delgado, pero
ágil. Ese gato era luchador de K1, maestro de
aikido, esgrima con florete,
ex miembro de la
policía federal (en la unidad
anti-ratones), experto en el uso de armas cortas, actor de teatro moderno, modelo de revistas que leen esas cajetillas que uno se cruza en esas playas
top y que no te dan ni la hora y
habia aparecido en
algún que otro
paparazzi en fotos
hots.
Ese gato esperó al lado de la entrada del escondite del ratón. Pero he aquí que cuando el ratón salió de su escondite y el gato se dispuso a seguirlo, éste lo superó en velocidad. Encima, no se cansaba en ratón, como si se
hubiese tomado un Red
Bull con
efedrina. De tanto perseguirlo el gato se cansó y se fue a la mierda.
Entonces, el dueño del taller salió a la calle, y se llevó al taller a un gato viejo, pero feo, pelo quemado, gordo, tuerto, medio rengo y borracho. Ese gato en sus mejores tiempos (mejor dicho, en los no tan malos) fue miembro de la
patota del barrio, era experto en arboles
bonsai,
había tenido uno que otro duelo gaucho con facón, fue mascota de un miembro de la cuadra solidaria, experto en esquivar piedras y zapatos, era actor de teatro
kabuki, fue fotografiado por la Asociación por la Defensa de los Derechos del Animal y las
únicas tres veces que tuvo relaciones carnales
había sido de joven con gatas ebrias, gordas, ciegas y que ya estaban por morirse (que casualidad, él tenía un fetiche con ese tipo de gatas).
Ese gato se quedó en un
rincón y se puso a dormir con el vino en cajita entre las patas. El ratón curioso, fue a verlo. Le dio vueltas al rededor, se le paró en la cara al gato, pero éste ni se
movía. Entonces lo empezó a molestar
tirándole de los bigotes,
comiéndole la comida que le tiraba el dueño del taller.
¿Sos piola?- le dijo el ratón.-
Atame este paquete (y se
agarró de sus partes).
Hasta le llegó a tomar todo el vino del tetra. Como no se
sentía amenazado,
después de tomarse todo el vino, el ratón se durmió
apoyandose en el gato.
Cuando el gato despertó y vio que el ratón le
había tomado todo el vino, peló el facón y, tomando del cuello al pequeño roedor, lo
desgoyó.
FIN
Moraleja:
1_ No te
confíes en un gato que hace hace teatro
kabuki.
2_Es más importante para ganar la motivación que la
técnica.
3_Por el vino muchos perdieron la cabeza.
4_No te metas con el vino ajeno que se pudre todo.